La otra noche, en una cena de mujeres empresarias, coincidí con una joven gitana murciana: alta, oronda, guapa, de cara redonda, ojos almendrados color miel, nariz griega, que hacía honor a todos sus ancestros. Boca grande de labios perfilados que dejaba ver unos dientes blancos nacarados.

 

 

 

La gitana, entre cañas, vinos y montaditos, fue contándonos un poco de su vida, que no por ser corta dejaba de ser intensa.

A los 14 años se enamoró por primera vez de un joven gitano, pero hete aquí que nuestra joven protagonista no era del agrado de la madre del novio. Ésta celosa del amor del hijo, lo quería sólo para ella. Así que un día decidieron fugarse, pero la escapada les duró poco, porque la suegra logró dar con su paradero antes  que su amor fuera consumado.

Hubo besos, abrazos, roces, de todo un poco, pero no se consumó lo que los dos deseaban por falta de tiempo. Así que la madre se llevó a su hijo, y nuestra amiga volvió a su casa con menos honra y mucha vergüenza.

Pasaron unos cuantos años y nuestra protagonista conoció de nuevo el amor, a los pocos meses se concertó la boda.

 

La boda, es una de las grandes fiestas que celebra la comunidad gitana en todo el mundo y en España en particular.

Los novios casi todos se casan en la actualidad por el rito evangélico y por la mañana temprano.

Según la tradición gitana, los novios tienen que llegar vírgenes al matrimonio.  En teoría es así, en la práctica son muy pocos los que llegan intactos al enlace.

La pureza, es algo que los gitanos estiman de una forma extremada. Es la honra de la familia lo que está en juego.

                                    

Si la niña no es virgen, no se puede casar. A no ser que encuentre un hombre soltero o viudo  que  quiera juntarse con ella.

Una figura muy importante en la comunidad gitana es la  ajuntaora. Este es un oficio de gran tradición familiar, ya que esta gracia le viene dada de sus antepasadas: madre,  abuela, bisabuela, tatarabuela... es la encargada de comprobar el día de la boda si la desposada es virgen mediante la prueba del pañuelo.

En la comunidad gitana de Murcia capital, en este momento no existe ninguna ajuntaora oficial y la prueba del pañuelo no se hace desde tiempos inmemorables, al no ser que se case la chica con un gitano de fuera o viceversa y que éste la pida. Sí se realiza en todos los pueblos de la provincia.

Lo que se hace en la capital murciana es una rigurosa ojeada de las partes íntimas de la mujer. Este privilegio lo ostentan las más viejas de la comunidad y las madres de los contrayentes, que en ese momento están presentes.

 

 

 

                                               

Así que fuera mitos y leyendas urbanas, -que si son las ajuntaoras las que desvirgan a las chicas, -que si tienen las uñas como garfios.- Y ya horror de los horrores que envuelven el pañuelo en una navaja cachicuerna y le cortan el himen para que parezcan vírgenes.

 

La realidad, es que la boda por el rito gitano es un momento muy especial para  la familia, con todos los invitados reunidos venidos de distintos puntos de la nación, pero separados, los hombres haciendo corrillo bebiendo, fumando y cantando y las mujeres pendientes de la novia y del momento especial.

Cundo la novia está preparada la cogen casi en volandas  y la llevan a una habitación para realizarle el esperado examen.

La prueba o Yeli es el momento culminante de la boda y el más emotivo, donde se juega el futuro de la pareja y la concordia de las dos familias.

 La cama se viste con las colchas y cojines más bonitos y espectaculares que uno pueda imaginar, sobre la colcha se expanden los pétalos de rosas para recibir a la novia, que después de la dura prueba es recompensada con peladillas de colores que serán arrojados a los invitados a la boda..

 

 

La  ajuntaora  en el dedo meñique envuelve un pañuelo blanco como la nieve en tres pliegues  y lo introduce con sumo cuidado en la vagina de la joven, este debe salir con tres manchas de un color  ámbar casi blanco. Estas son las tres rosas, significa que la joven es virgen y se puede casar. Con el tiempo este flujo se vuelve amarillo y no hay detergente que borre las tres rosas.

De lo contrario, si el pañuelo no sale manchado, la chica no es virgen y la boda se suspende.

Actúan de testigo las mujeres invitadas a la boda.

Las tres rosas salen siempre, más claras o más oscuras. Y serán guardadas por la suegra o la novia como oro en paño.

¡Qué chica se atreve a pasar por la prueba sabiendo que va a ser la deshonra  de la familia y la boda no se va a poder realizar!. Tiene que ser virgen si quiere efectuar una boda gitana.  

 

El pañuelo suele prepararlo la madre con bastante   antelación a la boda o va incluido en el precio que  cobra la ajuntaora por este servicio que suele ser unos 600 euros, con pañuelo.

La tela utilizada es de lino o seda, la más fina posible, de unos sesenta centímetros decorado con puntillas, lazos y entredoses. A cada mancha, al estilo de las muñequitas de los antiguos niños de pecho, se le anuda una cinta  blanca para que resalte y la pureza sea más evidente.

Una vez realizado el examen, las madres de los novios muestran el pañuelo al público, el júbilo es general de pequeños y mayores.

Los hombres se rasgan las camisas como señal de alegría por la honra de la chica y todos  cantan y bailan. Los novios son paseados a hombros por todo el recinto bajo una lluvia de pétalos de rosas, almendras y  peladillas.

Nuestra protagonista, - como todos sabemos y la comunidad gitana no había olvidado,  había tenido una breve, pero intensa fuga con su primer novio. El día de su boda cumplió con todos los ritos.

Al realizarle la prueba de ojeo la ajuntaora la miró escrupulosamente y su veredicto fue:

 – Esta chica tiene toda su honra pero está  floreá, - que no es lo mismo que deshonrá y puede hacerse tranquilamente la prueba del pañuelo, cosa que no se hizo porque en Murcia no se practica.

En la cultura gitana tradicional, la pureza de una novia es un valor tan codiciado como la vida misma.  

Cuando se exhibe el pañuelo manchado se expone la legitimidad del matrimonio, es el momento de la alboreá, un cante tan místico como la costumbre a la que acompaña.

 

 

La  alborea, de albor, luz de alba es un cante con copla de cuatro versos hexasílabos y un estribiLa Boda Gitanallo, forma parte de las Zambras Gitanas. Este baile forma parte del ritual de las bodas gitanas, teniendo un compás de soleá acompasada o soleá por bulerías. Sus letras hacen referencia a la virginidad de la novia.

J. Rodríguez Garay, en su trabajo "de algunos usos y ceremonias nupciales de España", publicado en la revista nº 6 El Folclore Andaluz, escribe sobre la Alboreá: Costumbre antigua es en algunos pueblos de España arrojar dulces  y flores a la novia cuando se dispone a bailar.

Los gitanos lo consideran un cante propio, ritual  circunscrito al ámbito gitano, y consideran una profanación que se cante fuera de este contexto. Pero no hay que olvidar, que en realidad  este ritual ya se usaba en castilla en la Edad Media y que la reina Isabel I, tuvo que pasar por él, Ahora bien, han sido los gitanos los que lo han mantenido hasta la actualidad:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuadro de texto: Jesucristo te llama
Desde su huerto
Coronaito de espinas
Y el pelo suelto.
 
Y en un verde prao
Tendí mi pañuelo
Salieron tres rosas
Como tres luceros.
 
Y el carro de mi tía
Ha gastao un dineral
Por venir a la boda
 De madrugá.
 
Llamar a la novia 
Que suba pa riba
A que se despida
De su familia.
 
 

 


 

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